viernes, 13 de agosto de 2010

13-04-84

Abril es el mes de las flores y enero el del frío invierno. En enero dices adiós. En abril es tu aniversario. Por primera vez en 5 años olvidé tu cumpleaños y también el día que tu partida se hizo eterna. Fue tan cotidiano oír tu voz aquella noche con ese “¿qué vas a hacer hoy?” Así se va la gente y las despedidas de verdad nunca delatan un adiós. Recuerdo tanto esos juegos de adolescentes que nos unieron, salir de noche sin que nos importara a dónde pararíamos, pedirle la cola a desconocidos arriesgándonos como unas inconscientes, hacer panas en cualquier lugar y reírnos después porque nunca nos acordábamos de sus nombres. Pasamos los mejores despechos adolescentes tomando botellas de vino en casa de extraños y creyéndonos grandes porque habíamos salido del colegio. Corrimos con bastante suerte, pero esa inocencia a flor de piel fue cómplice de tus circunstancias. Seguro saliste de tu casa con ese empeño de no quedarte varada y te esperabas una noche parecida a las de siempre: alcohol, música, bailar hasta morir, hablar con cualquier yonosequién, pillarte a un chico lindo, recibir las llamadas de tu mamá preocupada y ver si alguien podía darte la cola para no pagar el taxi. No sé como fue, yo me fui a la playa de paracaidista y tú acá estabas cuadrando tu viernes con cualquiera que estuviese ladillado. Sólo que esta vez tuviste que pagar el taxi. Saliste volando como las mariposas que aletean nerviosas. Rompiste los cristales con tanta fuerza que abriste una puerta que aún no conozco. Al caer al asfalto te reíste y no sabías por qué, quizás para que tu alegría siempre se nos quedara y en la ambulancia dijiste adiós sin decirlo. Mientras que el conductor, que no te llevó nunca a tu casa, salió corriendo despavorido y aún no sabemos dónde está. Ví cómo cada año tu lápida iba perdiendo colores y cómo cada vez tenía menos flores. Tu foto seguía intacta. Hoy, ya no sé como esté. Abril es el mes de las flores que nunca te llevé.

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